Un gobierno que sea mínimamente honesto no promueve su permanencia en el
poder utilizando todos los medios a su disposición, que implican reparto de la
cosa pública y un mayor compromiso y dependencia de los grupos del poder
económico.
El pasado día 7 de
enero, comenzando el año, se celebró el día del poder judicial, en medio de
escándalos por sentencias sobornadas, cortes compradas y doblegadas y jueces en
prisión por ser parte de una trama de corrupción e impunidad. En medio de esa
celebración, en la Iglesia Ntra. Sra. de la Paz, se levantó la voz de un
nuevo Antón de Montesino, Félix Morillo, un ciudadano que se identificó como
dirigente de la comunidad cristiana y expresó que el pueblo dominicano
tiene sed de justicia.Aprovechando la proclamación de apoyo del Partido Cívico Renovador (PCR) a la reelección presidencial, el actual gobernante, el ciudadano presidente Medina se atrevió a declarar que su gobierno es uno de los más honestos que ha habido en la historia de la República. Las reacciones ante las declaraciones del líder partidario de uno de los dos bloques económicos enfrentados al interior del PLD no se hicieron esperar. Llegando algunas personas a afirmar que pareciera que el presidente perdió de momento la ubicación, y creyó estar en el país ideal y no el actual.
El pueblo
dominicano consciente tiene sed de transparencia en el uso de los fondos
públicos, de honestidad, de justicia y libertad. Por eso es oportuno
preguntarse sobre, ¿Cuáles serían las prácticas y los principios éticos que
harían posible un gobierno honesto?
Un gobierno
honesto, que incluye no solo al ejecutivo, sino también al legislativo, a las y
los ministros de los diferentes ministerios, al poder legislativo, al poder
judicial, y a las diferentes instituciones públicas articuladas con estos
poderes debiera caracterizarse, entre otros aspectos, por:
–Priorizar el bien
colectivo sobre los intereses económicos partidarios y corporativos.
– Realizar un
adecuado manejo de la economía, en donde se haga un uso adecuado de los fondos
públicos; lo que conlleva un cuidadoso manejo del endeudamiento interno y
externo.
-Promover la
sanción y el castigo de la corrupción pasada, de la presente, así como prevenir
la futura.
– Transparencia en
el uso de los fondos públicos y en la rendición de cuentas.
– Preocuparse y
atender no solo a los números y a las cifras, sino también a las personas y a
la calidad de los servicios de educación, salud, vivienda, nutrición, seguridad
social, etc.
– Mantener viva la
memoria de los referentes éticos y políticos como Juan Bosch (1963) y Francisco
Ulises Espaillat (1876) considerados los presidentes más honestos de la
historia dominicana.
– Realizar una
distribución equitativa de los bienes y servicios públicos.
– Promover la
transparencia y la austeridad en el uso de los fondos públicos para las
campañas partidarias y la publicidad gubernamental.
– Establecer
relaciones de respeto y de servicio a la ciudadanía, evitando la tentación de
establecer relaciones clientelares y de dependencia de los líderes partidarios.
– Promover una
justicia independiente de los poderes fácticos que se ponga al servicio de los
mejores intereses de la nación.
¿Por qué el
gobierno presidido por Danilo Medina no llega a la categoría de ser ni honesto,
ni ético, ni político, en el verdadero sentido de la palabra? Porque forma
parte de una corporación que ha gobernado el país por 16 años, y los últimos 12
de forma continua, que se ha caracterizado por depredar los bienes públicos y
por priorizar los intereses económico y partidario de una minoría
enriquecida.
Esa corporación
gobernante ha endeudado al país en los últimos 12 años de forma progresiva y
una buena parte de ese dinero, tomado prestado, se ha quedado en las garras de
la corrupción. Por eso Participación Ciudadana ha dicho recientemente que cerca
del 6% del PIB, unos 200,000 millones anuales -equivalentes a los presupuestos
de educación y salud juntos- se está quedando en la trama maldita de la
corrupción. Solo para este año 2016 aumentará la deuda externa en unos 5,000
millones de dólares, sin incluir el creciente déficit fiscal del Banco Central.
Esa corporación ha
hecho una distribución muy desigual del presupuesto público. Ha creado
diferencias escandalosas entre los salarios de los trabajadores y los de las
élites económico-partidarias, entre los que se puede señalar las élites que
manejan las instituciones económicas como el Banco Central, la Superintendencia
de Bancos, los ministros, el servicio de Relaciones Exteriores, Indotel, entre
otros. También en salarios y privilegios muy desiguales para los legisladores y
las élites del poder judicial, como las llamadas Altas Cortes, que tan débil
servicio han prestado a la Patria en los últimos 5 años.
El actual gobierno
forma parte de una corporación que renunció a sus principios originarios, que
pactó con los sectores más conservadores del reformismo, del perredeísmo, del
vinchismo y que renunció a la propuesta de construir una sociedad democrática
participativa. Esta corporación, además, perdió su memoria histórica y abdicó
de los principios propuestos y vividos en su práctica política por el ideólogo
y fundador del PLD y del PRD, Juan Bosch.
En el actual
período de gobierno hemos tenido que contemplar como unas altas cortes, que
salen tan caras a quienes pagamos impuestos, toman decisiones que generalmente
favorecen a los grandes grupos económicos y perjudican a los más pobres, como
las decisiones del Tribunal Constitucional desnacionalizando a las y los dominicanos,
o del Tribunal Superior Electoral, al tomar decisiones al servicio de los
intereses económicos del grupo liderado por Miguel Vargas Maldonado, o la
Suprema Corte de Justicia y la Procuraduría General de la República negándose a
hacer juicio de fondo en el escandaloso caso de Félix Bautista y compartes.
Un gobierno que sea
mínimamente honesto no promueve su permanencia en el poder utilizando todos los
medios a su disposición, que implican reparto de la cosa pública y un mayor
compromiso y dependencia de los grupos del poder económico.
Pero, ¿no hay
ningún aspecto que pueda ser considerado como positivo en el actual gobierno,
en cuanto al tema de la transparencia y la honestidad? En honor a la verdad hay
que reconocer que ha habido algunos intentos de mejorar la transparencia y la
rendición de cuentas, pero solo en los niveles inferiores. En otras palabras es
difícil creer en la supuesta transparencia cuando solo hay verdaderos controles
para los funcionarios más pequeños; mientras los grandes, como en el caso de la
OISOE, tienen licencia para robar, para promover el fraude y además,
impúnemente.
Es hora de
desenmascarar la propaganda falaz de quienes quieren presentarse con una
condición que es contradicha por sus actuaciones. Se hace necesario, sobre todo,
aportar a la construcción de la democracia incluyente y participativa que pasa
necesariamente por la gestación de proyectos políticos alternativos, que no
descansen en una sola persona, ni en relaciones clientelares, sino en
colectivos con conciencia social y compromiso ético y político, capaces de
articularse en torno a un proyecto de nación justa y participativa. El camino
para su construcción estará lleno de piedras y espinas. Pero es el camino más
honesto, más ético, más político; pues conduce a la tierra liberada, en donde
se construyen relaciones de verdadera ciudadanía y de compromiso con los
mejores intereses de los sectores sociales más excluidos de esta tierra
nuestra, colocada en el mismo trayecto del sol, como señaló el poeta nacional.

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