En el contexto
nuestro es urgente construir nuevas conciencias éticas y nuevas prácticas
políticas.
Durante los últimos
tres meses la prensa de los poderosos y su canales de televisión han tenido un
solo tema: lo relacionado con la permanencia en el poder de la corporación
dominante (PLD-PRSC-PRD) a cualquier precio e inversión; desgraciadamente, con
el dinero público. Eso lo han revestido y disfrazado con el tema de la
reelección del actual presidente de la República. Pareciera, por otro lado, que
los problemas del país hubiesen quedado atrás. Temas como la pobreza, la
inseguridad, las negociaciones para mejorar el salario de los obreros, los
altos niveles de endeudamiento público, el desastre de los servicios de los
hospitales, los daños causados al ambiente por los incendios forestales y todo
lo relacionado con el plan de regularización de extranjeros, han quedado
relegados.
Se ha hablado de
los supuestos enfrentamiento entre dos facciones del mismo grupo dominante: los
danilistas y los leonelistas. E incluso se ha hablado de división en la
corporación económico-partidaria dominante, después de la reunión del llamado
Comité político del PLD que impuso al país el tema de la reelección
presidencial. Al final quedó todo claro; era un teatro cuyo desenlace es
conocido; de hecho al final lo que ha importado es buscar los medios y las
estrategias para mantener el poder y seguir disponiendo, sin control, de los
recursos públicos. Para esto, no importa si quien esté en la presidencia es, D.
Medina, L. Fernández, M. Vargas, F. Bautista o el Diablo. Lo importante es,
para la corporación dominante, asegurar la posibilidad de que los bienes
públicos sigan siendo dilapidados y usurpados, con un insaciable apetito de
robo, corrupción e impunidad.
Una vez más ha
sucedido lo que siempre se ha hecho; la corporación dominante se ha
puesto de acuerdo para hacerle creer al pueblo dominicano que sus intereses son
los del país. Por eso de los 15 puntos hechos públicos del acuerdo de la
corporación, ninguno de ellos está orientado a beneficiar al pueblo dominicano.
Además, pareciera que hay otros acuerdos que son impublicables, pues se
proponen seguir utilizando las instituciones públicas: Poder Ejecutivo, Poder
Legislativo, Poder Judicial, ministerios e instituciones públicas pagados con
dineros públicos, al servicio de sus intereses bastardos.
En la actual
coyuntura se ha actuado de forma parecida a como se ha hecho en las
aproximadas 39 modificaciones a la Constitución realizadas previamente, desde
que se comenzó a gestar el proyecto-país que hoy es República Dominicana. Tal
como nos ha recordado A. Mateo, el despojo de los bienes públicos no tiene
límite y la lucha por la creación de un país fundado en una institucionalidad
democrática viene desde los días que se comenzó a gestar la constitución (1844)
y el gobierno del naciente proyecto de nación. De hecho al poco tiempo de ser
proclamada la primera Constitución, Pedro Santana la hizo cambiar para imponer
su voluntad. La lucha entre los trinitarios y el grupo dominante de los
Hateros, representados por Pedro Santana, terminó con la preeminencia de este
último grupo y la imposición de una constitución hecha a la medida del grupo
oligarca de ese entonces.
Posteriormente a la
independencia nacional de la potencia española (1865) en medio de la pugna
entre los dos bandos partidarios, el partido azul y el partido rojo, terminó
imponiéndose el partido de la burguesía terrateniente y comercial. Y el
gobierno encabezado por Ulises Heaureaux (Lilís), un líder azul que renunció a
los principios de su partido, terminó siendo un dictador más, que puso los
intereses personales y grupales por encima de los intereses de la nación.
Este año estamos
celebrando los 50 años de la gesta patriótica del 1965 que buscaba restablecer
el gobierno y la constitución de la revolución democrática instaurados en 1963.
Y el año que viene estaremos conmemorando los 50 años de una supuesta
democracia liderada por tres partidos de la corporación dominante, el PRSC, el
PRD, y el PLD, que en la práctica se han convertido en un solo bloque
partidario, que se han sucedido en el control de la cosa pública, que ha saqueado
sistemáticamente el país y ha implementado un régimen de una sistemática
dictadura con apariencia de democracia.
Cuando se analiza
la moralidad, la eticidad y el sentido político de los pactos realizados en la
corporación dominante es necesario re-orientar algunos conceptos fundamentales.
De entrada es necesario no confundir una actuación moral, con una actuación ética,
ni un accionar partidario con una actuación política. Pues una actuación moral
es toda acción ligada a un determinado hacer o conducta cultural; en cambio,
una acción ético-política está ligada necesariamente a la búsqueda del bien
común, donde se prioriza lo público sobre lo privado. Por eso considero
completamente equivocados quienes afirman que la justicia, o la educación o las
instituciones públicas deben ser despolitizadas. Más bien tienen que ser
des-partidarizadas, politizadas y puestas al servicio del bien común, de un
proyecto de nación incluyente y solidaria.
Es necesario pasar
de la indignación a la propuesta ético-política. Es tiempo de que los sectores
más críticos se sienten a calcular fríamente los pasos necesarios, para
hacer pactos políticos orientados hacia mejorar las condiciones de vida de la
gente tradicionalmente excluida y definir las estrategias indispensables para
construir un bloque de unidad por un mejor país, un proyecto de nación
fundamentado en una opción verdaderamente política, donde se priorice lo
público sobre lo privado; lo colectivo sobre lo individual.
En el contexto
nuestro es urgente construir nuevas conciencias éticas y nuevas prácticas
políticas. Eso tiene como condición indispensable la transformación de las mentes,
el desplazamiento de la actual corporación dominante y la construcción de un
nuevo proyecto político, articulador de fuerzas y voluntades. En ese proceso
necesitaremos nuevos partidos y nuevos liderazgos con renovada conciencia
política; necesitaremos educadoras y educadores capaces de colaborar en la
educación crítica de las presentes y futuras generaciones; necesitaremos de una
prensa comprometida con los mejores intereses del país; será necesario contar,
además, con nuevas organizaciones barriales y comunitarias comprometidas, con
iglesias proféticas y encarnadas, entre otros; todo orientado hacia la creación
de un Proyecto de Vida Digna, en una sociedad justa, incluyente,
solidaria y equitativa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario