lunes, 22 de junio de 2015

Resultados y desafíos del Plan de Regulación de Extranjeros

Resultados y desafíos del Plan de Regulación de Extranjeros
http://acento.com.do/2015/opinion/8259897-resultados-y-desafios-del-plan-de-regulacion-de-extranjeros/

Por Franklin Pimentel Torres. 20 de junio de 2015 - 

El pasado miércoles concluyó el plazo de 18 meses dados por el Decreto 327-13 del poder ejecutivo para la regularización de los inmigrantes extranjeros.  Según la Primera Encuesta Nacional de Inmigrantes (EMI-2012) en el país hay aproximadamente 534,632 inmigrantes extranjeros; de éstos el 87% son inmigrantes haitianos, unos 458,233, dedicados, a diferentes áreas de la economía nacional.
El plan nacional de regulación de extranjeros tiene como base normativa el Decreto 327-13 (29/11/2013), la ley de migración 285-04 (15/8/2004), y el Reglamento 631-11, correspondiente a  dicha ley (19/10/2011). Tiene, además, que tomar en cuenta la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional, (23/09/2013) y la ley 169-14 (23/05/2014) que buscaba mitigar las consecuencias de dicho dictamen que, en la práctica, desnacionalizaba a unos/as 244,151  dominicanos y dominicanas hijos e hijas de inmigrantes; de éstos y éstas 209,912 personas son hijos e hijas de inmigrantes haitianos, según datos presentados por Temístocles Montás  (mayo, 2013), Ministro de Economía Planificación y Desarrollo.
El Ministro de Interior y Policía, M. Fadul, ha señalado en esta semana que en el Plan de Regulación de Extranjeros se inscribieron cerca del 280,000 personas.  La mayor parte de éstas, sin embargo, solo han dado  el primer paso para insertarse en el proceso de regulación, que es la inscripción.
Para el gobierno el plan de regulación ha sido un éxito. Las voces más críticas hablan de fracaso del plan y consideran que el mismo ha tenido pocos logros que exhibir. De hecho, la propaganda comercial gubernamental parece estar orientada a confundir a la población intentando igualar a los inscritos con los regulados. Pues los que han logrado regularse ha sido una cantidad mínima, que no llega al 2% de las personas inscritas.
La cantidad de requisitos y documentos para la regularización, establecidos en el Decreto 327-13 así como el costo económico –legal e ilegal- que supone conseguir toda la documentación requerida ha hecho muy difícil la posibilidad de regularizarse para la mayor parte de las y los inmigrantes.  A esto se añade la falta de cooperación real del gobierno haitiano para proveer a sus nacionales de la documentación necesaria para poder acceder al plan impuesto por el gobierno dominicano.
Una vez concluido el plazo para la regularización surgen algunos interrogantes, entre los que podemos señalar:  ¿El tema de la regulación de inmigrantes requiere de un plan coyuntural o de una política permanente del Estado Dominicano? ¿Hay real voluntad en las élites económico-partidarias  de República Dominicana en que realmente se regularicen las y los trabajadores inmigrantes?  ¿Está realmente  la clase empresarial y los organismos del gobierno –que ha sido el primer empleador de mano de obra de inmigrantes indocumentados-  dispuestos a negociar con un obrero u obrera con estatus legal? ¿o con un sindicato de los mismos? ¿Será que les conviene seguir manteniendo ese estatus para continuar abusando de las y los obreros?
Sería ingenuo pensar que el llamado plan de regularización de extranjeros se puede desligar de la irresponsabilidad de un Estado que contrató mano de obra inmigrante, y que no respetó los acuerdos mínimos hechos con el gobierno haitiano y que confinó a miles de personas en lugares de miseria extrema como los bateyes, en donde mal-viven la mayor parte de los trabajadores cañeros y sus descendientes.
Sería ingenuo pensar que quienes en la Junta Central Electoral se negaron a entregar la documentación de identidad personal a las niñas Dilcia Yean  y Violeta Bosico, que provocó una condena de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos (2005), lo hicieron por desconocimiento de los derechos de estas niñas. Muy ingenuo sería creer y justificar las razones expuestas por quienes desde el 2007, amparados en una comunicación administrativa de la Junta Central Electoral, han pretendido justificar una  supuesta “limpieza étnica” del padrón electoral, provocando que a un grupo significativo de dominicanos y dominicanas, sobre todo negros y negras, de origen haitiano, no se les haya renovado los documentos personales que ya poseían.
Sería ingenuo pensar que quienes violaron sistemáticamente la ley que hasta la Constitución del 2010 reconocía como dominicanos a los hijos e hijas de emigrantes nacidos en el territorio nacional, indistintamente del estatus legal de sus madres, padres, o los jueces que emitieron la sentencia 168-13, desnacionalizando a más de 244,000 dominicanos y dominicanas convirtiéndolos en apátridas, tal como ha repetido varias veces el ACNUR, lo hacen porque son “patriotas”, defensores de una supuesta soberanía, en la que solo cuentan los privilegios y derechos de los grupos enriquecidos.
Sería ingenuo pensar que  los jueces del Tribunal Constitucional que se negaron a aceptar el fallo  de la CIDH contra la errática sentencia 168-13 del TC lo hacen solo por convicciones personales y no responden a las directrices de grupos económicos y partidarios más retrógrados que se han enriquecido con el sudor amargo de los cañeros y que se siguen beneficiando del duro trabajo de los inmigrantes haitianos abusados.
Una vez que se ha cerrado el plazo para la inscripción en el Plan de Regulación de Extranjeros surge la preocupación por las posibles deportaciones masivas y sus consecuencias. Aunque las autoridades del Ministerio de Interior y Policía y de la Dirección General de Migración han dicho que no las va a haber y que de hacerlas se harán respetando el derecho de la gente, hay razones para dudar que así se hará, pues sabemos que esa tarea será puesta en las manos de un ejército –que ahora cuenta, además, con el director de migración- para quienes las deportaciones por el día y la re-introducción de inmigrantes, por la noche, después de pagar peaje, representa un jugoso y lucrativo negocio, al que no parecen estar dispuestos a renunciar.
Las organizaciones que defienden los derechos de los inmigrantes y de los dominicanos y dominicanas de origen haitiano, como Reconoci.do, MUDHA, Solidaridad Fronteriza y otros sectores organizados, así como la prensa crítica, tenemos el desafío de estar vigilantes. Es verdad que el plan de regularización ha sido una iniciativa importante; pero lo logrado hasta ahora es “más espuma que chocolate” y no nos pueden distraer  para seguir denunciando la incoherencia de los organismos y de los funcionarios gubernamentales relacionados con el tema migratorio  cuando por un lado dicen una cosa y luego hacen otra. En definitiva, no debemos hacernos sordos y sordas al clamor de justicia de los cañeros en lucha por una pensión digna, la mayor parte de ellos y ellas ancianos y ancianas, que reclaman justicia, ni a las demandas de las y los jóvenes a los que se les  ha quitado sus documentos, ni a las y los desnacionalizados por la Sentencia 168-13.
La solidaridad con todo ser humano inmigrante que sufre abuso, vejación o maltrato es, ahora más que nunca,  un imperativo ético, en esta isla nuestra. En esta tierra en la que todos y todas somos inmigrantes, hijos o hijas y descendientes de inmigrantes desde hace más de 5000 años y que tiene una cantidad considerable de habitantes emigrados a otros países, es necesario poder  seguir proclamando, con el cantautor argentino Rafael Amor: “No me llames extranjero, porque haya nacido lejos, o porque tenga otro nombre la tierra de dónde vengo…  No me llames extranjero, ni pienses de dónde vengo; mejor saber dónde vamos; a dónde nos lleva el tiempo”.


sábado, 13 de junio de 2015

Pactos indignantes en la corporación dominante

Por Franklin Pimentel Torres. 13 de junio de 2015 -
En el contexto nuestro es urgente construir nuevas conciencias éticas y nuevas prácticas políticas.
Durante los últimos tres meses la prensa de los poderosos y su canales de televisión han tenido un solo tema: lo relacionado con la permanencia en el poder de la corporación dominante (PLD-PRSC-PRD) a cualquier precio e inversión; desgraciadamente, con el dinero público. Eso lo han revestido y disfrazado con el tema de la reelección del actual presidente de la República. Pareciera, por otro lado, que los problemas del país hubiesen quedado atrás. Temas como la pobreza,  la inseguridad, las negociaciones para mejorar el salario de los obreros, los altos niveles de endeudamiento público, el desastre de los servicios de los hospitales, los daños causados al ambiente por los incendios forestales y todo lo relacionado con el plan de regularización de extranjeros, han quedado relegados.



Se ha hablado de los supuestos enfrentamiento entre dos facciones del mismo grupo dominante: los danilistas y los leonelistas. E incluso se ha hablado de división en la corporación económico-partidaria dominante, después de la reunión del llamado Comité político del PLD que impuso al país el tema de la reelección presidencial. Al final quedó todo claro;  era un teatro cuyo desenlace es conocido; de hecho al final lo que ha importado es buscar los medios y las estrategias para mantener el poder y seguir disponiendo, sin control, de los recursos públicos. Para esto, no importa si quien esté en la presidencia es, D. Medina, L. Fernández, M. Vargas, F. Bautista o el Diablo. Lo importante es, para la corporación dominante, asegurar la posibilidad de que los bienes públicos sigan siendo dilapidados y usurpados, con un insaciable apetito de robo, corrupción e impunidad.

Una vez más ha sucedido lo que siempre se ha hecho;  la corporación dominante se ha puesto de acuerdo para hacerle creer al pueblo dominicano que sus intereses son los del país. Por eso de los 15 puntos hechos públicos del acuerdo de la corporación, ninguno de ellos está orientado a beneficiar al pueblo dominicano. Además, pareciera que hay otros acuerdos que son impublicables, pues se proponen seguir utilizando las instituciones públicas: Poder Ejecutivo, Poder Legislativo, Poder Judicial, ministerios e instituciones públicas pagados con dineros públicos, al servicio de sus intereses bastardos.

En la actual coyuntura se ha actuado de forma parecida a como se ha hecho  en las aproximadas 39 modificaciones a la Constitución realizadas previamente, desde que se comenzó a gestar el proyecto-país que hoy es República Dominicana. Tal como nos ha recordado A. Mateo, el despojo de los bienes públicos no tiene límite y la lucha por la creación de un país fundado en una institucionalidad democrática viene desde los días que se comenzó a gestar la constitución (1844) y el gobierno del naciente proyecto de nación. De hecho al poco tiempo de ser proclamada la primera Constitución, Pedro Santana la hizo cambiar para imponer su voluntad. La lucha entre los trinitarios y el grupo dominante de los Hateros, representados por Pedro Santana, terminó con la preeminencia de este último grupo y la imposición de una constitución hecha a la medida del grupo oligarca de ese entonces.

Posteriormente a la independencia nacional de la potencia española (1865) en medio de la pugna entre los dos bandos partidarios, el partido azul y el partido rojo, terminó imponiéndose el partido de la burguesía terrateniente y comercial. Y el gobierno encabezado por Ulises Heaureaux (Lilís), un líder azul que renunció a los principios de su partido, terminó siendo un dictador más, que puso los intereses personales y grupales por encima de los intereses de la nación.

Este año estamos celebrando los 50 años de la gesta patriótica del 1965 que buscaba restablecer el gobierno y la constitución de la revolución democrática instaurados en 1963. Y el año que viene estaremos conmemorando los 50 años de una supuesta democracia liderada por tres partidos de la corporación dominante, el PRSC, el PRD, y el PLD,  que en la práctica se han convertido en un solo bloque partidario, que se han sucedido en el control de la cosa pública, que ha saqueado sistemáticamente el país y ha implementado un régimen de una sistemática dictadura con apariencia de democracia.

Cuando se analiza la moralidad, la eticidad y el sentido político de los pactos realizados en la corporación dominante es necesario re-orientar algunos conceptos fundamentales. De entrada es necesario no confundir una actuación moral, con una actuación ética, ni un accionar partidario con una actuación política. Pues una actuación moral es toda acción ligada a un determinado hacer o conducta cultural; en cambio, una acción ético-política está ligada necesariamente a la búsqueda del bien común, donde se prioriza lo público sobre lo privado. Por eso considero completamente equivocados quienes afirman que la justicia, o la educación o las instituciones públicas deben ser despolitizadas. Más bien tienen que ser des-partidarizadas, politizadas y puestas al servicio del bien común, de un proyecto de nación incluyente y solidaria.

Es necesario pasar de la indignación a la propuesta ético-política. Es tiempo de que los sectores más críticos  se sienten a calcular fríamente los pasos necesarios, para hacer pactos políticos orientados hacia mejorar las condiciones de vida de la gente tradicionalmente excluida y definir las estrategias indispensables para construir un bloque de unidad por un mejor país, un proyecto de nación fundamentado en una opción verdaderamente política, donde se priorice lo público sobre lo privado;  lo colectivo sobre lo individual.


En el contexto nuestro es urgente construir nuevas conciencias éticas y nuevas prácticas políticas. Eso tiene como condición indispensable la transformación de las mentes, el desplazamiento de la actual corporación dominante y la construcción de un nuevo proyecto político, articulador de fuerzas y voluntades. En ese proceso necesitaremos nuevos partidos y nuevos liderazgos con  renovada conciencia política; necesitaremos educadoras y educadores capaces de colaborar en la educación crítica de las presentes y futuras generaciones; necesitaremos de una prensa comprometida con los mejores intereses del país; será necesario contar, además, con nuevas organizaciones barriales y comunitarias comprometidas, con iglesias proféticas y encarnadas, entre otros; todo orientado hacia la creación de un Proyecto de Vida Digna, en una sociedad  justa, incluyente, solidaria y equitativa.