Por Franklin Pimentel Torres. 10 de septiembre de 2016
La administración
de Nicolás López al frente del arzobispado de Santo Domingo ha tenido
fortalezas y debilidades. Se le conoce como una persona apasionada, decidida y
comprometida con lo cree.
Nicolás de Jesús
López, oriundo de Barranca, comunidad campesina de La Vega, ha sido un
personaje influyente en la realidad nacional de las últimas 4 décadas. En su
condición de cura y obispo de la Iglesia Romano-Católica en La Vega, en San
Francisco y en Santo Domingo, ha ejercido una función pública y religiosa cuyas
características y perspectivas pueden abordarse desde diferentes puntos de
vista. No obstante, su influencia religiosa y política ha ido más allá
del territorio nacional, pues ha sido presidente del Consejo Episcopal
latinoamericano (CELAM) y en su condición de Cardenal, ha colaborado en varios
departamentos vaticanos relacionados con diferentes áreas de coordinación y
animación pastoral.
La formación
eclesiástica básica de Nicolás López se realizó en el contexto de la educación
teológica tradicional en el período anterior al Concilio Vaticano II
(1962-1965). Además de estudiar en el país, hizo estudios de teología y
sociología en academias de Roma.
Su mentor, el
obispo Juan A. Flores, lo promovió ante el Vaticano durante el reinado de
Giovanni Montini (Papa Pablo VI), para ser elegido como primer obispo de
la diócesis de San Francisco de Macorís (1978), asignándole una parte del
territorio que hasta entonces pertenecía a la diócesis o provincia eclesiástica
de La Vega. Tres años después, siendo Flores el presidente de la Conferencia
Episcopal, lo promueve para ser arzobispo de Santo Domingo (1981). Esa fue una
elección inesperada, dado que Nicolás López era entonces el más
joven de los obispos, y, además, porque ya estaba en Santo Domingo, como obispo
auxiliar, Príamo Tejeda, de quien se esperaba que sustituyera al obispo renunciante,
Octavio Beras, en el puesto de arzobispo de Santo Domingo.
Nicolás López
Rodríguez es nombrado arzobispo de Santo Domingo al inicio de la larga
administración de Wotjtyla-Ratzinger (1978-2013). Tenía el perfil que demandaba
la administración de Karol Wojtyla (Juan Pablo II, 1978-2005), para ser
obispo-funcionario de dicha monarquía: era joven, con formación teológica y
sociológica con un enfoque cercano a los sectores más conservadores del
catolicismo mundial; con capacidad de jugar un papel importante en el proceso
político y económico, de fortalecer el posicionamiento de la Iglesia Católica
como una institución con poder ideológico, económico y político reconocidos.
La administración
de Nicolás López al frente del arzobispado de Santo Domingo ha tenido
fortalezas y debilidades. Se le conoce como una persona apasionada, decidida
y comprometida con lo que cree. Es de destacar su carácter primario,
autoritario, y se puede afirmar que en el desarrollo de su ministerio ha estado
más cercano a los poderes partidarios, económicos y militares y a su estilo de
vida, que a la gente sencilla de las comunidades y parroquias. Es conocida su
alianza ideológica con los sectores más conservadores del “neo-nacionalismo”
dominicano; su verbo descontrolado que en ocasiones llega a lo ofensivo; su
decidido apoyo a la sentencia 168-13 que desnacionalizó a más de 200,000
dominicanos y su intransigencia ideológica para aceptar el proyecto de ley que
despenalizaba el aborto en algunas circunstancias, así como la dificultad para
aceptar las diferencias de opiniones y de opción sexual. A todo esto habría que
añadir su persecución ideológica y su desaprobación a los sectores
eclesiásticos más comprometidos con los derechos y las causas de los más
débiles y empobrecidos de la sociedad dominicana.
En el contexto de
la actual administración vaticana presidida por Jorge Mario Bergoglio
(Papa Francisco, 2013) ha sido definido un perfil específico para los obispos.
En un encuentro que tuvo Francisco con el comité de coordinación del CELAM, en
Rio de Janeiro, Brasil, 28 de julio de 2013, decía a los obispos:
“El Obispo debe
conducir, que no es lo mismo que mandonear. (…). Los Obispos han de ser
Pastores, cercanos a la gente, padres y hermanos, con mucha mansedumbre;
pacientes y misericordiosos. Hombres que amen la pobreza, sea la pobreza
interior como libertad ante el Señor, sea la pobreza exterior como simplicidad
y austeridad de vida. Hombres que no tengan “psicología de príncipes”. Hombres
que no sean ambiciosos… Hombres capaces de estar velando sobre el rebaño que
les ha sido confiado y cuidando todo aquello que lo mantiene unido (…). Y el
sitio del Obispo para estar con su pueblo es triple: O delante para indicar el
camino, o en medio para mantenerlo unido y neutralizar los desbandes, o detrás
para evitar que alguno se quede rezagado, pero también, y fundamentalmente,
porque el rebaño mismo también tiene su olfato para encontrar nuevos caminos”.
El nuevo arzobispo
de Santo Domingo, Francisco Ozoria, corresponde al perfil definido por el Papa
Francisco. Por eso fue elegido; aunque su elección causó sorpresa en sectores
eclesiásticos y sociales. Incluso se comentó en algunos ambientes que El
Vaticano rechazó la primera terna de elegibles que fue enviada por el
episcopado dominicano a Roma. Por eso fue necesario enviar una segunda.
Francisco Ozoria es
conocido por ser una persona sencilla, cercana a la gente y que realiza su
trabajo con constancia, dedicación, y compromiso, sin buscar publicidad. De
origen campesino cibaeño, tiene capacidad de escucha y de asumir causas
sociales como la defensa de los derechos de las y los débiles como lo hizo con
su oposición decidida a la sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional, que
desnacionalizó a una cantidad considerable de dominicanas y dominicanos de
origen haitiano.
En conclusión
podemos señalar que el cambio de mando en el arzobispado de Santo Domingo se
convierte en una buena oportunidad para que los sectores más conscientes de la
población dominicana demanden unos líderes eclesiásticos, católicos y
protestantes, más comprometidos con las mejores causas de la justicia y la
democratización ética y política de la sociedad y sean capaces de realizar una
alianza estratégica con los sectores que luchan por una Vida Digna, para todos
y todas.


